Los inventos que Julio Verne predijo

Un 24 de marzo pero de hace 111 años, Julio Verne murió. Considerado como un gran visionario, lector apasionado de Nietzsche y escritor de noche y de día, Verne es hoy en día un genio de la literatura universal que a través de las hazañas plasmadas en una hoja de papel, fue capaz de llevar al lector a mundos lejanos llenos de escenarios fantásticos y objetos de comunicación que hace años eran sólo un sueño y actualmente muchos de ellos son parte de la realidad.

Más que profeta, Verne se describía a sí mismo como un ser que se anticipó a las revelaciones científicas en sus grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil.

“Le sorprenderá quizás saber que no me enorgullece particularmente haber escrito sobre el automóvil, el submarino, el dirigible, antes de que entraran en el dominio las realidades científicas. Cuando he hablado de ellos en mis libros como de cosas reales, ya estaban inventados a medias. Yo me limité simplemente a realizar una ficción de lo que debía convertirse después en un hecho. Cada hecho geográfico y científico contenido en cualquiera de mis libros ha sido examinado con mucho cuidado y es escrupulosamente exacto”.

Amante de la ciencia tanto como de la literatura, Verne en sus narraciones combinó los elementos fantásticos con los datos científicos. He ahí su afición al espacio y viajes aéreos; además de convertirse en un ejemplo para los científicos, tales como el astronauta Yuri Gagarin, quien le atribuye su amor por la aeronáutica al autor de “De la tierra a la luna”.

Algunos inventos de Julio Verne.

Internet

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En la novela “París en el siglo XX”, Verne habla de una red internacional de comunicaciones, la describe como algo parecido a un telégrafo mundial, que conectaría distintas regiones para compartir información. Hetzel, el editor de Verne, consideró que la novela tenía un tono demasiado pesimista, así que rechazó publicarla. El manuscrito fue encontrado por el bisnieto del autor en 1989, y publicado finalmente en 1994.

El primer submarino eléctrico

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Isaac Peral creó el submarino eléctrico en 1888. Lo ideó como un arma de tracción eléctrica que circulaba debajo del mar, una idea casi calcada al Nautilus, el submarino que Verne había descrito 18 años antes en “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

El helicóptero

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Los estudios para crear máquinas voladoras nos llevan hasta los bocetos de Leonardo Da Vinci, pero fue a finales del siglo XIX cuando el helicóptero, tal y como lo conocemos, empezó a tomar forma.

En esa misma época, Julio Verne publicó “Robur, el conquistador”, una novela con un protagonista capaz de construir una nave a base de papel prensado (para que tuviese una gran resistencia, pero al mismo tiempo ligera) que se alzaba mediante hélices, tal y como lo hacen los helicópteros modernos.

Unas hélices adicionales, en la proa y la popa, servían para propulsar el invento hacia los cielos. Verne tomó los prototipos de helicóptero ya existentes e imaginó hacia dónde querían seguir su desarrollo.

Además, dejaba de lado el carbón como combustible para impulsar el artilugio y proponía unas pilas eléctricas como batería. Estas pilas tienen una composición química desconocida, pero convierten a Verne en, también, un precursor de los combustibles alternativos.

La llegada a la luna

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En su novela “De la Tierra a la Luna”, propone un viaje al satélite de nuestro planeta a bordo de una bala, disparada por un cañón gigante. Es su época, la idea fue rebatida por muchos cientoficos, pero, al fin y al cabo, nos encontramos ante una novela de aventuras y ciencia ficción. En el año de 1902, el director de cine Georges Méliès se inspiró en la aventura para filmar una de las primeras películas de la historia.

Aunque sus métodos distaban de ser científicamente acertados, la imaginación de Verne se adelantó más de cien años a una de las hazañas más importantes de la historia: la llegada del primer ser humano a la Luna.

Fotografiar el fondo del mar

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También en “Veinte mil leguas de viaje submarino”, el capitán Nemo toma una fotografía del fondo marino desde el Nautilus. Faltaban más de 20 años para que esto fuese posible. Y sucedió en 1899 gracias a Louis Boutan, pionero de la fotografía subacuática. Boutan se propuso fotografiar la vida submarina con la ayuda de su hermano: construyeron una gran cámara con un objetivo luminoso y, añadiendo algunas mejoras técnicas a este primer prototipo, obtuvo las primeras instantáneas realizadas a más de 50 metros de profundidad.

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